domingo, 19 de abril de 2009

Final caja negra

Me gusta ver funcionar la lavadora, ver la ropa dando vueltas, el jabón haciendo espuma, y el ruido del aparato que simula estar haciendo el trabajo sucio de lavar la ropa por uno… me gusta ver correr los programas que hago, sobre todo cuando son elegantes, pocas líneas para muchos cálculos, mensajes azules que anuncian que ‘todo está bien’ y largos tiempos posiblemente inmejorables.

Sí, hay cosas que me quedan bien hechas, como los programas que hacen muchos cálculos y la ropa que lavo. Algunos comentarios y unos pocos correos que escribo. Algunos análisis y lecturas que puedo hacer de la gente… sí, eso a veces, me queda bien hecho. Eso lo reconozco ahora más que antes, me quedan canciones bien escuchadas, pinturas bien apreciadas, caminos bien andados, lluvias bien oídas, ventarrones bien sentidos, abrazos muy bien dados, miradas brillantes, sonrisas sinceras.

Pero cuando algo no me queda bien hecho, soy implacable conmigo misma, me cuesta dejar atrás las equivocaciones, las cosas que pude haber hecho mejor. Las decisiones mal tomadas, los consejos mal dados, las palabras mal dichas, “los métodos incorrectos con las técnicas incorrectas”…

Y no puedo evitar sentirme mal ahora, y me pregunto, por qué todo tiene que terminar siempre de manera desafortunada? Por qué siempre me tengo que involucrar tanto? Por qué no puedo mantener relaciones superficiales, sino que tengo que exponer todos los nervios para que en su momento, el dolor sea máximo? Por qué sujetos como tú funcionan como imanes para mí? Creo que logré leerte bien, que siempre supe qué pasaba contigo, ahora no, ahora no puedo captar qué sucede. Sólo sé que no estás, que me haces falta, que te extraño, que suena una y otra y otra canción que te trae a mi memoria invasivamente… que miro cada rato mi bandeja de entrada para ver si hay algún mensaje tuyo, algún mensaje que nunca escribirás…

Estoy hastiada del dolor, de hablar de ti, de pensar en ti, de querer saber de ti, estoy cansada de esperar lo que nunca me vas a dar, de recordar y de extrañar. Espero cansarme más y más cada vez, espero quedar exhausta para que ningún lugar de mi cuerpo te reclame más. Espero pronto que el amor tuerto pronto me deje ver que lo más sensato es dejarte ir, dejarme partir, dejarnos, dejarlo, y esperar pacientemente a que el dolor pase también. El dolor que rompe el lenguaje, el dolor que no se puede describir, el dolor del que no se puede hablar, el dolor que siento por las mañanas cuando me despierto, el dolor que se manifiesta con un nudo en la garganta y un hueco en el pecho…