martes, 8 de noviembre de 2011

C'mere

Hoy desempolvo este blog como quien retoma la vieja máquina de escribir. En mi cabeza sólo tengo una maraña de... todo, de sentimientos, de dudas, de tristezas, de incertidumbres, de verdades, de cosas que ya no sé qué son.

Ésta es una historia inusual, de hecho, aún no me hago a la idea de que me haya pasado. La conocía desde la universidad y siempre me pareció una niña distinta a todas las demás; nunca imaginé que en algún momento pudieramos entablar una amistad. Ella siempre ha tenido su mundo, su mejor amiga, su familia, su trabajo, sus clases, su mundo lleno de todo en el que yo no imaginé caber. Hace casi dos años ella decidió irse a vivir sola y se mudó a un apartamento muy cerca del mío. Cosa bastante conveniente, dado que ambas estábamos cerca y vivíamos solas, por qué no hacernos algo de compañía.

De pronto, su mejor amiga se vino a vivir con ella. Y de pronto, las tres empezamos a pasar mucho tiempo juntas. Nos llamábamos en el día y en la noche nos veíamos para comer, para ver la tele, para contarnos sobre nuestro día, íbamos a hacer mercado, intentamos un par de veces hacer ejercicio... ellas cuidándome las penas de amor, yo dándoles fuerza para que llevaran mejor los problemas cotidianos de su vida. De alguna manera, nos convertimos en una familia.

Y también me abrió las puertas de su casa materna, conocí a sus papás, a sus hermanos, discrepo de su relación con ellos y al mismo tiempo, en algún momento, sentí que podía hablar de eso con ella. No sé en qué momento, tal vez desde siempre, sentí por ella un favoritismo especial. Sentía la necesidad de cuidarla, de velar porque todo en su vida estuviera bien. Luego cambié de trabajo y justo mi nuevo lugar estaba justo al lado del suyo. Ahora nos veíamos para almorzar, para caminar juntas a casa... disfrutaba tanto de su presencia, me sentía tan feliz de escuchar el timbre de mi teléfono y pensar que era ella...

No pasó mucho tiempo antes de darme cuenta de que me gustaba. Nunca me había gustado una niña, nunca me había fijado en alguna... ella es la primera. Siempre será. De pronto, las cosas comenzaron a tornarse más ambiguas, la forma como nos hablábamos, como nos acariciábamos cuando estábamos juntas... no importaba si su amiga estaba al lado, tal vez ella no se daba cuenta que cada vez que me abrazaba, que me besaba en la frente, que me respiraba en el cuello, yo sentía unos deseos locos de manetenerla en mi vida por mucho tiempo.

Pasaron muchas cosas, muchos gestos, miradas, palabras... como que el abismo nos llamaba, cada vez con más fuerza, pero de pronto yo pensaba en lo absurdo de esta situación, en que probablemente yo estaba enamorándome de una niña que quizas, nunca me había visto como algo distinto a su amiga. Hasta que llegó el día del cumpleaños de su hermana. Ella había sido muy insistente en que la acompañara en la celebración. Ella misma promovió ir a un concierto de DivaGash, quizás poco consciente de que a la única persona que estaba complaciendo con esa elección era a mí.

Fuimos al sitio, compramos media botella de sello rojo para las dos, aguardiente para el resto. Yo bailaba con ella, me olvidaba por momentos que ella era una mujer y yo otra. Desprevenidamente o tal vez muy intencionalmente, ella me tomaba por la cintura sin que los demás se dieran cuenta. De pronto estábamos solas, ella me dijo que si yo me quería quedar, ella se quedaba conmigo. Nunca imaginé que esa noche terminara de la forma que lo hizo. Cuando se acabó el concierto, me pidió que me fuera con ella a su apartamento para no tener que regresar sola al mío. Atendí su petición y cuando llegamos, ahí estaban su mejor amiga y su hermana.

Sacamos unos colchones a la sala, la hermana se fue a dormir al cuarto y su mejor amiga se quedó durmiendo en el sofá, en la sala también. Mientras tratábamos de inflar el colchón en el que íbamos a quedarnos, nos acariciábamos, jugábamos a consentirnos de formas poco convencionales... creo que las dos nos moríamos por dormir juntas en ese colchón que no lográbamos inflar... lo peor es que teníamos que inflar otro, donde su hermano dormiría cuando llegara. Cuando por fin lo logramos, ella me pidió que me acostara. Apagó la luz, se quitó el sostén, yo levanté los brazos y de pronto ella empezó a acariciarme... me tocaba los brazos, respiraba muy fuerte en mi cuello y me susurraba al oido: "me tienes loca"...

Al oido le dije que me gustaba mucho, creo que estábamos muy ebrias, desgraciadamente no recuerdo todo lo que pasó, ni cuánto duró... sólo recuerdo cosas puntuales, lo que más me marcó. La recuerdo muy excitada, recuerdo como me acariciaba el pecho, recuerdo que me pidió que me quitara el pantalón... no hilaba eso con lo que estaba haciéndome enseguida... acariciándome con su lengua. Luego nos besamos en la boca, me lamía los dedos, de pronto yo metí mi mano dentro de su pantalón y empecé a acariciarla... pude comprobar con mi tacto la humedad de su sexo... deseé tanto penetrarla, deseé tanto poder tener un cuerpo para hacerle el amor... pero amé su cuerpo en la medida que el mío me lo permitió.

Recuerdo que ella se tapaba la boca con la mano para que no se escaparan sus gemidos, me suplicaba que no siguiera, se movía de arriba a abajo... llegó su hermano y nos quedamos dormidas. Al otro día, muy temprano, me despertó un portaza. Miré a mi lado y ella no estaba, luego llegó, se acostó a mi lado, me pidió que la abrazara y me dijo al oido que su mejor amiga había visto y escuchado todo, que no quería saber nada de nosotras y que se iba a alejar. Ese fue el comienzo del fin de todo... no sé si fue eso, o fue lo que pasó esa noche, pero poco a poco todo se fue desmoronando como un castillo de arena ante una tormenta en el desierto...

Cuando nos despedimos, quedamos en vernos esa noche en mi apartamento. De alguna manera queríamos terminar lo que empezamos, o quizás comenzar lo que habíamos empezado. Todo el día estuve pensando en ella y aún no podía creer todo lo que estaba pasando, no podía creer todo lo que habíamos hecho y lo que nuestros actos desencadenaron. Al fin se hizo noche y sonó el citófono... cuando abrí la puerta estaba tan nerviosa, pero al mismo tiempo tan segura de lo que íbamos a hacer... Sacó del bolsillo un pedazo de torta envuelta en papel aluminio y ahí sentí que la quería más que nunca. Nos acostamos en la cama y como si lo hubiera sabido, la llamó su mejor amiga.

Estuvieron hablando por casi una hora, una hora que fue un suplicio para mí. Yo no quería que esa amistad de tantos años terminara por mi culpa pero al mismo tiempo, la reacción de su amiga me pareció cruel y sobredimensionada. Ella es una persona que nunca llora pero esa noche, cuando colgó, la abracé y se fue corriendo al baño para que no la viera llorando. Luego vino a la cama, nos abrazamos, pensé que ya no habría lugar para nosotras. Pero me equivoqué. Nos besamos y ella me preguntó si yo estaba segura de lo que íbamos a hacer, que ya no había vuelta atrás...

Es raro describir una relación sexual. A mi me gusta hacerlo, quizás por exhibicionismo, quizás por morbo... nadie lo ve con buenos ojos, son cosas privadas que no se deberían comentar. Pero se sale del lenguaje hacerle el amor a alguien que uno quiere de verdad. Desnudar un cuerpo que uno nunca imaginó que fuera para uno... dejar que ella acariciara el mío, que hiciera algunos movimientos que noté, había planeado con anticipación. Olerla... curiosamente no olía bien, olía a sudor, sabía a sudor, pero aún así todo eso me recordaba cuán humana es... noté que le gustaba como yo la miraba, cómo le sonreía, cómo me avergonzaba de algunas partes de mi cuerpo comparadas con las suyas...

La hice gritar, se mostraba tan cohibida, así que le ordené que disfrutara, que gimiera, solo yo la iba a escuchar. Veía sus mejillas rojas por tanta excitación, la besaba por todas partes, la mordía y la acariciaba simultáneamente... le hice el amor con dedicación, con cariño, con delicadeza, con brusquedad, con fuerza, con paciencia. Luego puse una de mis canciones más significativas, Hey de Pixies comenzó a sonar mientras yo le cantaba en el cuello y bailaba enredada sobre ella... luego busqué que sonara Levitate me y le dije en el oido que era mi canción favorita... finalmente nos vestimos. Me dijo que me tenía muy metida en su cabeza, le pedí que me sacara.

Lo que sigue de ahí en adelante es una secuencia de conductas erráticas, considero que en su mayoría, de ella. Lo único que puedo decir es que a pesar de haber actuado en algunos momentos con torpeza, de haber dicho cosas que no debí, nunca le negué que la quería. Ella se asustó, se asustó mucho, no sólo por las circunstancias sino porque tiene muy claro que no se quiere enamorar de nadie. Ella oculta sus sentimientos, se esconde tras una coraza irrompible, se defiende con agresividad... y cuando lo hace, lastima.

Luego de alejarnos por una semana, me buscó y desde entonces, nunca me volvió a tratar como antes. Desapareció el cariño, desapareció la dulzura... quizás eso es lo indicado, pero ella nunca reconoció nada, nunca reconoció lo que sentía, tal vez porque ni siquiera lo sabe. Al final, las cosas se llegaron a deteriorar tanto, que me excluyó de su vida, optó por arreglar las cosas con su mejor amiga y aceptar sus condiciones con tal de no perderla, inclusive a pesar de mí.

Me sentí desechada, sentí que nada valió, ni lo que vivimos, ni lo que sentí, ni lo que le dije, ni lo que le entregué. Ni siquiera la amistad que teníamos antes de que pasara todo esto... nada valió, yo no valí, y eso me parte de dolor. La gota que rebozó la copa cayó la semana pasada, cuando me contó que se va de viaje, con su amiga, su hermana y su sobrino a Caño Cristales, un viaje que íbamos a hacer las tres. Ese día fue horrible, todo se me iba desmoronando, llegué a casa y lloré con tanto dolor... como pocas veces lo he hecho. Esa noche tomé la determinación de alejarme de ella. El primer día me escribió y me llamó un par de veces, pero el segundo día lo hizo de una forma mucho más intesiva, hacia el medio día me llamó al trabajo tantas veces que el teléfono no paró de sonar cerca de media hora.

Hasta que le envié un mensaje donde le decía

"Hola! creo que lo mejor es que nos distanciemos un tiempo".

No sé si un tiempo sea el resto de nuestras vidas, no sé si eso era lo mejor... hoy particularmente la extrañé mucho, no ha pasado ni una semana de eso y quiero buscarla, quiero decirle una vez más cuánto me duele su dureza, su frialdad, cuánto me lastima que me haya sacado de su vida, que ya no comparta sus cosas conmigo, que ya no me trate con cariño... pese a que no hace más que negarlo.

Ella no suele reconocer nada.

Dificilmente encuentro razones para aminorar mi dolor. Creo que sólo el tiempo lo curará. Como un adicto, siento que la voluntad debe ser más fuerte que cualquier deseo de buscarla, que ya le he explicado de mil formas lo que siento, lo que pasa, lo que le puedo ofrecer... pero no hay peor ciego que el que no quiere oír.

Este es uno de los momentos más extraños y grises de mi vida. Coincide con el final del año, con el invierno en Bogotá, con mi cumpleaños, con la soledad que me queda después de perder a mis amigas... son tantas cosas juntas, que no sé de dónde sacar fuerzas para seguir adelante. Ya no quiero estar más tiempo triste ni deprimida, ya no quiero sufrir más.

Qué triste es soñar con algo que termina siendo una interminable pesadilla.

lunes, 1 de febrero de 2010

How to disappear completely (ii)

1. Borre su número de celular. Es deseable que no se lo haya aprendido.

2. Elimine todos los mensajes de texto del celular, enviados y recibidos.

3. Guarde las fotos, objetos, notas, etc. En lugares de poca recordación: ese cajón que nunca abre, una caja de cartón. Si se siente fuerte, bótelos a la basura.

4. Haga ejercicio, no beba mucho alcohol, fume de vez en cuando… vaya a cine, camine bastante.

5. Escriba, pero para usted. No le llame ni le escriba y si lo necesita, llore, mirando por la ventana del bus, en el baño de la oficina, en el cine, cuando llueva o un domingo por la tarde.

6. No se vaya de viaje, no la pasará muy bien y no lo aprovechará como lo haría en otro momento de su vida.

7. Escuche esas canciones que le traen recuerdos, escúchelas hasta que ya no le recuerden nada nuevo, hasta que suenen como una canción más. No se pelee con la música.

8. No piense, no analice, no se haga preguntas, no imagine respuestas.

9. Perdone, no ignore que odia. Hágalo hasta que la rabia desaparezca, luego haga las paces con los buenos recuerdos.

10. Hágase consciente de que aún quedan cosas, mejores y peores, por venir.

lunes, 4 de enero de 2010

How to disappear completely (i)

¿Me quiso?

Tal vez ni usted lo sabe.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

No Existe(s)

Trato de hacer un retrato hablado de usted en mi cabeza, pero me queda difícil… creo que se me olvidó cómo es su cara, y eso se debe a que procuro no recordarlo. Vea cómo cambian las cosas, ahora no le hablo de ‘tu’ sino de ‘usted’. Y bueno, hablar es un decir, hace muchos meses que no lo hago, más bien le escribo cosas que seguramente nunca leerá. Esa es mi forma de desahogarme, de pagar mi cuota de aceptación, de reconocer que todavía no lo he podido olvidar del todo, para ver si así consigo recordarlo poco a poco, cada vez más seguido, sin sentir nada.

Entre un párrafo y otro pasan muchos minutos, porque ya no sé ni qué decirle. Sólo que desearía, en verdad, nunca haberlo conocido, tal vez la vida se valió de usted para darme una dolorosa lección. Usted, que manipula personas y situaciones, es manipulado sin darse cuenta por la vida misma.

sábado, 13 de junio de 2009

Cut here

Lo extraño... mucho.

Cuándo dejaré de hacerlo?

domingo, 19 de abril de 2009

Final caja negra

Me gusta ver funcionar la lavadora, ver la ropa dando vueltas, el jabón haciendo espuma, y el ruido del aparato que simula estar haciendo el trabajo sucio de lavar la ropa por uno… me gusta ver correr los programas que hago, sobre todo cuando son elegantes, pocas líneas para muchos cálculos, mensajes azules que anuncian que ‘todo está bien’ y largos tiempos posiblemente inmejorables.

Sí, hay cosas que me quedan bien hechas, como los programas que hacen muchos cálculos y la ropa que lavo. Algunos comentarios y unos pocos correos que escribo. Algunos análisis y lecturas que puedo hacer de la gente… sí, eso a veces, me queda bien hecho. Eso lo reconozco ahora más que antes, me quedan canciones bien escuchadas, pinturas bien apreciadas, caminos bien andados, lluvias bien oídas, ventarrones bien sentidos, abrazos muy bien dados, miradas brillantes, sonrisas sinceras.

Pero cuando algo no me queda bien hecho, soy implacable conmigo misma, me cuesta dejar atrás las equivocaciones, las cosas que pude haber hecho mejor. Las decisiones mal tomadas, los consejos mal dados, las palabras mal dichas, “los métodos incorrectos con las técnicas incorrectas”…

Y no puedo evitar sentirme mal ahora, y me pregunto, por qué todo tiene que terminar siempre de manera desafortunada? Por qué siempre me tengo que involucrar tanto? Por qué no puedo mantener relaciones superficiales, sino que tengo que exponer todos los nervios para que en su momento, el dolor sea máximo? Por qué sujetos como tú funcionan como imanes para mí? Creo que logré leerte bien, que siempre supe qué pasaba contigo, ahora no, ahora no puedo captar qué sucede. Sólo sé que no estás, que me haces falta, que te extraño, que suena una y otra y otra canción que te trae a mi memoria invasivamente… que miro cada rato mi bandeja de entrada para ver si hay algún mensaje tuyo, algún mensaje que nunca escribirás…

Estoy hastiada del dolor, de hablar de ti, de pensar en ti, de querer saber de ti, estoy cansada de esperar lo que nunca me vas a dar, de recordar y de extrañar. Espero cansarme más y más cada vez, espero quedar exhausta para que ningún lugar de mi cuerpo te reclame más. Espero pronto que el amor tuerto pronto me deje ver que lo más sensato es dejarte ir, dejarme partir, dejarnos, dejarlo, y esperar pacientemente a que el dolor pase también. El dolor que rompe el lenguaje, el dolor que no se puede describir, el dolor del que no se puede hablar, el dolor que siento por las mañanas cuando me despierto, el dolor que se manifiesta con un nudo en la garganta y un hueco en el pecho…

martes, 10 de marzo de 2009

Out of tears

"¿Cuánto falta para llegar a cualquier lugar?"

Llegué hasta el final, hasta donde me dejaste, hasta donde pude... Ya no doy más, y creo que quedará en una de esas historias que solo se imaginan pero nunca se hacen realidad, y tal vez así es mejor. Tal vez no hubiéramos soportado la cotidianidad de que dejaras la tapa del baño levantada, que tuvieras una de tus reacciones fascistas frente a un indigente en la calle, o que nos sonrojáramos al pagar la cuenta por mitades, porque sabes que gano más que tú y yo sé que andas sin un peso.

Te imaginaba más listo, pero qué poco sabes de querer.

Y en efecto, ya me quedé sin lágrimas, ya no hay modo de llorarte más. Definitivamente necesitas de alguien más simple en tu vida, alguien que no replique y no te ponga en jaque, una ficha más de tu ajedrez, no un contrincante, alguien controlable, callado y bonito que resulte ser un bonito accesorio en tu vida. No será difícil de encontrar, ya lo verás.

Yo seguiré andando por ahí, pateando latas vacías y ejercitando el cuerpo, el alma y el cerebro.