miércoles, 27 de agosto de 2008

Cure for pain

Al igual que muchas personas de mi generación, pertenecientes a la hoy en vía de extinción 'clase media', fui criada por mis abuelos. Esta frase es el resumen de una cadena de errores. El primer error lo cometió mi madre, cuando pensó que iba a encontrar la razón de su vida (y la de otros que la habían perdido) en el nacimiento de un hijo propio. Apenas se había graduado del colegio y con mucha ingenuidad consideró inconcebible tener un hijo sin casarse (segundo error... Ay mamá, te tocó vivir una época difícil). Ahí aparece mi papá, el sujeto que me engendró, que se casó con ella (tercer error) casi con la misión específica de hacerme a mí.



Dada la selección arbitraria e irresponsable de mi papá biológico (y único, no hubo más), la probabilidad de fracaso del incipiente hogar era cercana a uno. Sólo fue cuestión de tiempo, mi madre tuvo que salir a trabajar y los abuelos tuvieron la siempre recriminada tarea de nuestra crianza, el plural se debe a que buscando otra razón nació mi hermano.



Mi abuela nunca ha podido superar el hecho de que le arrebataran el campo de su vida, pese a que hace más de 50 años vive en Bogotá, entonces es una ladrona de cuanta mata se le cruza por el camino, tiene una frondosa colección personal, pelea con granizadas, copetones (o cucaracheros, que escarban la tierra de sus materas), con los veranos y los ventarrones que acaban con su dedicación en un santiamén, pero bueno, no todo es pérdida, de vez en cuando le florece una que otra matica y eso lo paga todo. No suficiente con eso, también le gustan los animales, sobre todo los que tienen plumas, viven en jaulas pequeñas y oxidadas, riegan el alpiste invasivo mucho más de lo que comen y viven mucho más de lo esperado, siempre manteniendo en sus amos la ingenua esperanza de alguna vez reproducirse y cantar gloriosamente... jamás ni lo uno ni lo otro.



Y bueno, esos animalitos, tan molestos, tan fastidiosos, tan insignificantes, me enseñaron muy temprano un término que no conocía. Se trata de la palabra 'arisco'. Veamos:



arisco, ca.
(De or. desc.).
1. adj. Dicho de una persona o de un animal: Áspero, intratable.




intratable.
(Del lat. intractabĭlis).
1. adj. No tratable ni manejable.
2. adj. Insociable o de genio áspero.
3. adj. desus. Se dice de los lugares y sitios por donde es difícil transitar.





áspero2, ra.
(Del lat. asper, -ĕra, -ĕrum).
1. adj. Insuave al tacto, por tener la superficie desigual, como la piedra o madera no pulimentada, la tela grosera, etc.
2. adj. Dicho del terreno: escabroso (‖ desigual).
3. adj. Desapacible al gusto o al oído. Fruta, voz áspera. Estilo áspero.
4. adj. Dicho del tiempo: Tempestuoso o desapacible.
5. adj. Dicho de una disidencia o de un combate: violento.
6. adj. Desabrido, riguroso, rígido, falto de afabilidad o suavidad. Genio áspero.



insuave.
(Del lat. insuāvis).
1. adj. p. us. Desapacible a los sentidos, o que causa una sensación áspera y desagradable.



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Una más para la colección... la psicología de diccionario, de la cuál ya le había hablado, parece que ha ganado una vez más. Lo siento como un animalito arisco encerrado en una jaula oxidada, a quien ya se le olvidó volar, quien seguramente moriría de hambre y frio porque ya no sabe dónde refugiarse ni cómo alimentarse. Su merced se queja todo el tiempo de la jaula y no quiere salir de ella. Yo sé que quiere una caricia, yo sé que quiere hacer un nidito y hasta alimentar pichoncitos, pero resulta usted a veces intratable.



Estuve a punto de tenerlo el viernes pasado, de hecho desbaraté todo lo que con dificultad había armado a lo largo del día sólo por conseguirlo, y usted en un segundo, Cristian (Cristhian), así como apareció, me salió con un 'No puedo cumplirle'... ¿Qué puede pasar en un espacio de veinte minutos para que usted resulte intratable? No sea arisco, vea que yo también lo soy un poco, quiero acariciarlo y por ahora sólo puedo hacerlo a través de la palabra, sin usted.



Se vería hermoso fuera de la jaula.

lunes, 18 de agosto de 2008

Rojo Eterno

Si, es la primera vez que escribo.



Y la persona de la que hablaré (escribiré) y a quien escribiré por primera vez es justamente una persona de primeras veces en mi vida. Así mismo distante, efímero, inconstante pero temerario.



Recién me habían roto el corazón en mil millones de pedazos, creía que ya nunca más alguien iba siquiera a gustarme, pero una noche bien loca, inesperadamente hizo su aparición en mi vida el loco peligrosamente encantador, ese hombre bonito con cabello largo y rubio, amante de Calamaro y cercano a graduarse de medicina. Lee mucho, es desquiciadamente inteligente, perceptivo, excesivamente elocuente, no imaginé que una mujer como yo le gustara, tal vez porque a mi no me gustaba del todo la mujer que estaba siendo. En ese entonces yo solía trabajar en un banco como analista, un banco de españoles que nunca pudieron superar su complejo de pequeña superioridad. Tuve que aprender a disfrazarme de señora, de gente decente, cuidando de no convertirme en una de ellos.



Hoy no quiero escribir sobre esa primera vez, sino sobre las más recientes primeras veces junto a Cristian (Me sorprendió saber luego que su nombre se escribía 'Cristhian'... caprichos obscenos de los papás a la hora de registrar a sus hijos) y que adicionalmente su segundo nombre es Gilberto (posiblemente herencia de su línea paterna)... el desafinado Crist(h)ian me tomó de la mano y terminó siendo considerado conmigo, sin saber que yo en verdad necesitaba que lo fuera. Es bien bonito eso de que el otro haga lo que uno está pensando (deseando) sin pedírselo...



Sólo quería que su merced supiera que le compré un regalo. Se trata de un libro (cosa que sé, le gusta bastante) se llama Demian y lo escribió un señor de apellido Hesse. Tuve una pequeña vacilación cuando lo compré porque también había uno muy bonito de Escher y como su merced tiene una fascinación extraña por la geometría y la matemática, pensé que podía gustarle mucho. Finalmente me decidí por el otro. Sé que no lo ha leído y ya sé qué dedicatoria le escribiré. Pensaba entregárselo ayer, pero infortunadamente usted no llamó y yo me quedé con muchas ganas de verlo de nuevo, de hablarle con monosílabos la primera hora del encuentro, de escribir la mentada dedicatoria frente a usted, de escuchar sus cuitas y de contarle que mi papá justo ayer cumplía un año de muerto, o que tal vez había sido un día antes porque no tengo certeza de la fecha de su fallecimiento... Tenía las manos llenas y los brazos estirados, pero la chocolatina se derritió en mi bolsillo.



Desgraciadamente no sé ahora qué hacer con usted. Mejor trato de no pensar, y mientras tanto, verifico fascinada la sincronía del extraordinario The dark side of the moon con Wizard of Oz, y pienso cómo me gustaría que su merced estuviera aquí sentado viéndolo conmigo. Bueh... mejor esperamos otro par de años para volver a vernos.



Cuándo será que nos vamos a encontrar?



En verdad es la primera vez que escribo.