Si, es la primera vez que escribo.
Y la persona de la que hablaré (escribiré) y a quien escribiré por primera vez es justamente una persona de primeras veces en mi vida. Así mismo distante, efímero, inconstante pero temerario.
Recién me habían roto el corazón en mil millones de pedazos, creía que ya nunca más alguien iba siquiera a gustarme, pero una noche bien loca, inesperadamente hizo su aparición en mi vida el loco peligrosamente encantador, ese hombre bonito con cabello largo y rubio, amante de Calamaro y cercano a graduarse de medicina. Lee mucho, es desquiciadamente inteligente, perceptivo, excesivamente elocuente, no imaginé que una mujer como yo le gustara, tal vez porque a mi no me gustaba del todo la mujer que estaba siendo. En ese entonces yo solía trabajar en un banco como analista, un banco de españoles que nunca pudieron superar su complejo de pequeña superioridad. Tuve que aprender a disfrazarme de señora, de gente decente, cuidando de no convertirme en una de ellos.
Hoy no quiero escribir sobre esa primera vez, sino sobre las más recientes primeras veces junto a Cristian (Me sorprendió saber luego que su nombre se escribía 'Cristhian'... caprichos obscenos de los papás a la hora de registrar a sus hijos) y que adicionalmente su segundo nombre es Gilberto (posiblemente herencia de su línea paterna)... el desafinado Crist(h)ian me tomó de la mano y terminó siendo considerado conmigo, sin saber que yo en verdad necesitaba que lo fuera. Es bien bonito eso de que el otro haga lo que uno está pensando (deseando) sin pedírselo...
Sólo quería que su merced supiera que le compré un regalo. Se trata de un libro (cosa que sé, le gusta bastante) se llama Demian y lo escribió un señor de apellido Hesse. Tuve una pequeña vacilación cuando lo compré porque también había uno muy bonito de Escher y como su merced tiene una fascinación extraña por la geometría y la matemática, pensé que podía gustarle mucho. Finalmente me decidí por el otro. Sé que no lo ha leído y ya sé qué dedicatoria le escribiré. Pensaba entregárselo ayer, pero infortunadamente usted no llamó y yo me quedé con muchas ganas de verlo de nuevo, de hablarle con monosílabos la primera hora del encuentro, de escribir la mentada dedicatoria frente a usted, de escuchar sus cuitas y de contarle que mi papá justo ayer cumplía un año de muerto, o que tal vez había sido un día antes porque no tengo certeza de la fecha de su fallecimiento... Tenía las manos llenas y los brazos estirados, pero la chocolatina se derritió en mi bolsillo.
Desgraciadamente no sé ahora qué hacer con usted. Mejor trato de no pensar, y mientras tanto, verifico fascinada la sincronía del extraordinario The dark side of the moon con Wizard of Oz, y pienso cómo me gustaría que su merced estuviera aquí sentado viéndolo conmigo. Bueh... mejor esperamos otro par de años para volver a vernos.
Cuándo será que nos vamos a encontrar?
En verdad es la primera vez que escribo.
lunes, 18 de agosto de 2008
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