No soy escribiente (ni escritora), pero hoy estoy sintiendo más fuerte que nunca el síndrome de Bartebly, lo cual resulta ser una total contradicción porque estoy escribiendo. Como dijo el sabio Homero: 'Si pudiera decir (escribir) unas palabras sería mejor orador (escritor) de lo que soy'.
Domingo de puente, amigos de viaje, invitaciones rechazadas, lluvia... mucha lluvia. Mensajes de texto en el celular sólo del operador, contador de llamadas recibidas igual a cero, contador de llamadas hechas igual a cero. Manos congeladas, David y Roger cantan diciendo que extrañan a Syd. Maleta grande... grandísima, vacía, guías, mapas, itinerarios listos, tiquetes comprados... se aproxima la esperada hora de la partida. Setenta canales de tv sin algo interesante, las lecturas llegan al capítulo aburrido, poca paciencia como para soportar malos chistes.
La soledad es el mal que agobia a mi generación. Crecimos esperanzados en la promesa de que todo tiempo futuro será mejor, pero el futuro es ahora. Hay que hacer las cosas de una vez, no antes ni después. Desazón, esa necesidad constante de algo que no se sabe exactamente qué es, pero que se necesita con urgencia... Muchos... puntos... suspensivos... Son solo tres pero tienen la capacidad de encerrar todo lo que no se logra decir.
La vida es una serie de tiempo estacionaria. La felicidad se aparece de vez en cuando y a la tristeza no hay modo de sacarle el cuerpo. La música es la respuesta a todo, la soledad es la ausencia de todo, es lo que queda después de que 'se va'.
El olvido es la muerte de los recuerdos, para que uno pueda descansar en paz, en vida.
domingo, 12 de octubre de 2008
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