lunes, 8 de diciembre de 2008

You made me forget my dreams

De alguna manera es un poco difícil ignorar lo que siento por usted. Es más... por decirlo de otra forma, es ingenuo pensar que usted ya salió de mi vida.

Me fui sin despedirme y le dejé un libro con una buena amiga, la probabilidad de que no lo haya recibido es casi nula; sin embargo, no tengo noticias de usted, ni del libro, ni de cómo le pareció ni de su lectura ni de nada... Le cuento que regresé hace ya tres semanas, recorrí tres países y me traje un montón de historias en la cabeza y de correos electrónicos en la mano, de reflexiones en el alma, de paisajes en la retina y de lágrimas en la garganta. Conocí a alguien precioso, alguien con quien soñaba sin saber que existía, alguien que en muy poco tiempo me puso a ver al mundo diferente, a valorar más a la gente y sobre todo, me invitó a dejar el ser y comenzar con el hacer.

Porque todo el tiempo hablamos del ser, del llegar a ser, del querer hacer, pero nunca nos ocupamos de ello. Ha llegado mi momento, y es bastante difícil, pero tengo que comenzar por algo y creo que se aproxima el momento del parto. Las contracciones son insoportablemente dolorosas, pero más doloroso es condenarse a muerte teniendo tanto tiempo para desperdiciar.

Creo que dejaré de escribirle, al menos por un tiempo. Estoy muy molesta con usted, porque no está aquí, porque no puede hacer lo que quiere, porque anda postergando sus sueños por miedo, porque no quiere crecer, porque todavía lo pienso y le echo de menos, porque no acepta lo que siente, por soberbio.

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