Fue hermoso conocerte, pese a que desde el primer momento la respuesta fue un 'no'. Y yo hoy, no me explico por qué sigo ahí, por qué aún guardo esperanzas, por qué aún te hablo pese a que seguramente no recibiré la respuesta que quiero. La respuesta a todo lo inexplicable, a lo que racionalmente carece de sentido, se encuentra justamente en lo que se siente, y es puro amor.
He decidido empezar a dejarte, de a poquitos para que no me duela tanto. Entonces ya no te escribo con la frecuencia de antes, donde ni siquiera importaba si había o no respuesta, ya no te hablo por las noches. La semana entrante ya no habrá más canciones y seguramente, la siguiente no habrá más almuerzos. Sólo te pedía que habláramos, sólo quería decirte todo esto mirándote a los ojos, que a su vez estarían mirando la mesa, la servilleta o el piso, pero tal vez ni siquiera eso merezco según tú, ni siquiera un espacio para finalizar la historia como se debe.
Y no es terquedad como siempre has manifestado, no es timidez ni es miedo. Es simple y llanamente, orgullo. Como cuando pediste la visa, llevabas todas las de ganar, cartas, certificados... lo único que hacía falta era que hicieras tu parte, y así como lo confesaste, la actitud tuya te cerró la puerta, pese a que querías que se abriera para dejarte pasar, pese a que querías viajar, conocer, pese a que ese era uno de tus propósitos de año nuevo. Pero no, eso pasa también aquí, tenías todo para obtener la visa, teníamos todo para irnos a viajar a bonitas tierras desconocidas, pero tu orgullo no dejó hacer nada, tu orgullo que esconde tus miedos... miedo a vivir, miedo a sentir, miedo a treparte en el crazy train...
No quiero que se termine... no quiero que me abandones. Pero es necesario, no puedo continuar con esto, no quiero más formar parte de esto, no lo merezco y tú tampoco. Quería saber qué pensabas, qué opinabas, quería saber si otra vez me ibas a decir 'no' o si tenías algo distinto qué decir... pero no tuviste valor siquiera para eso. Creo que puse lo que pude de mi parte, creo que domestiqué muchas de mis conductas, que con ese montón de estrellas se formó una constelación enorme, en el cielo, para su mercé, pero no quiso levantar la mirada del piso.
Me voy entonces, me estoy yendo, no quiero pero debo. Me duele, lloro, sufro, sabía que esto podía pasar.
Lo quiero infinitamente. Lo quiero locamente. Lo recordaré toda la vida como una de las cosas más bellas que me han podido pasar.
sábado, 14 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario